De emprendedores y payasos

Ser un “Enterpreneur”, es el sueño americano de los habitantes del mundo tecnológico. Para muchos, se trata de unirse a un grupo selecto de individuos irreverentes y de inteligencia superior, que decidieron de buenas a primeras dejar su trabajo, a cambio de la libertad de hacer lo que les dé la gana, con el dinero de otro.

Pensar que la próxima idea puede convertirse en el siguiente negocio de Google o Apple, un par de libros de emprendimiento (con cara de auto-ayuda) y 100 tarjetas de presentación, es lo único que se necesita para proclamarse emprendedor. Solo resta empezar a buscar fortuna (léase inversionistas) en tantos “meetups” como sea posible.

Repitiendo la historia de la burbuja de internet de principios de la década pasada (2000), se habla, “incubadoras de empresas” e “inversionistas ángel”, que compran y comercializan ideas no ejecutadas y proyectos sin estrategias de monetización. Ideas y proyectos que en el mundo real, no valen un céntimo.

Mientras los inversionistas le apuestan 4 ideas; esperando que una dé resultado, los favorecidos “emprendedores”, se jactan de haber conseguido dinero; casi como si eso fuere garantía de éxito. Con el dinero en la mano y antes de empezar, se fijan los sueldos de “CEO”, “CTO”, y “Community Manager” y se compran los mejores equipos disponibles. Lo que no cuesta, se hace fiesta.

¿Cuál es el problema con el dinero?

Cuando pensamos con el dinero de otro en el bolsillo, es mas difícil encontrar detalles de los que se pueda prescindir, simplemente porque no hay obligación de hacerlo. Se corre el riesgo de que lo fundamental, terminé camuflándose entre arandelas y características secundarias. El resultado, es un producto que aunque parece más amplio y completo, está desconectado de la raíz del problema original que intenta resolver.

Por otro lado, limitar el dinero disponible, suele ser una restricción que fomenta la creatividad. Cuando los recursos son limitados, se tiende a evaluar cada elemento, función o detalle, para determinar si es absolutamente necesario en el producto final. Proponer soluciones creativas a problemas complejos se convierte en una obligación, lo que se traduce en un producto final mas simple y mejor ejecutado.

En este grupo de emprendedores auto-proclamados, que en realidad son mas bien payasos, el impulso a obtener dinero, suele superar al interés de innovar en productos y servicios que realmente puedan ofrecer algo de valor al mercado. El objetivo principal es enriquecerse a partir de la ley del menor esfuerzo. Es el mundo de los, comisionistas, los contactos, el “networking”, y las “startups”, donde todos saben mucho, pero nadie trabaja.

¿Y el problema de las Startup?

Una “Startup”. Ese lugar mágico donde los gastos son problema de otro y las utilidades no importan. Un cuento de hadas, que ignora los dos factores más importantes de un negocio: Ingresos y Gastos. Y el mandamiento principal: Genere utilidades, o desaparezca.

En una “Startup” se hace hasta lo imposible para posponer lo inevitable. No es necesario ser experto en economía para entender que cualquier negocio, independientemente del sector, mercado o naturaleza, está obligado a producir dinero si espera mantenerse a flote. No tiene ningún sentido irse a vivir al Sahara, para empezar a buscar agua al día siguiente.

En este mundo de payasos, es común vivir engañado; esperando que su “Startup” sea seleccionada en la siguiente convocatoria o ronda de inversión, o presentada en el siguiente evento. La realidad sin embargo, es que se trata de una lotería, donde sólo el 25% tiene posibilidades superar el primer año.

¿Alguien se salva?

Si. Existe una raza de personas allá afuera. Personas que no necesitaron inversionistas para iniciar su propio negocio; que a diferencia de una “Startup”, genera utilidades desde el primer día. No se auto-denominan emprendedores; no asisten a ”meetups” y no están interesados en vender sus ideas o forma de pensar.

Hablo que los verdaderos emprendedores. Personas apasionadas con su trabajo y capaces de hacerlo sin esperar beneficios económicos. Listos a defender una opinión; a inventársela y a discutirla. Hablo que los que decidieron hacer algo que realmente importa y están dispuestos a sacarlo adelante.

Para este grupo de personas, la riqueza es el producto de proveer de manera consistente, soluciones creativas a los problemas de alguien más, o inclusive a los suyos propios. Se trata de perseguir emociones, antes que comisiones. Se trata de amar lo que se hace y hacerlo bien.

¿OK. Por donde empiezo?

Si llegó a este artículo esperando encontrar la clave secreta para convertirse en un emprendedor exitoso, es probable que en este punto ya esté entendiendo que no existe. Nadie se convierte, nace o auto-proclama emprendedor. Los emprendedores de verdad, se forjan a partir de sus propias ganas de llegar al otro lado. A esos, no se les puede encasillar en un ‘término de moda’.

Aunque no hay una clave secreta, hay un truco para empezar, y es simplemente hacerlo. Empezar es suficiente para estar un paso adelante de los demás. Las buenas ideas no son mas que eso, a menos que alguien tenga el valor de ejecutarlas. La diferencia entre un payaso y un emprendedor de verdad, es que el primero comercializa ideas; mientras que el segundo las ejecuta.

Ya es hora de dejarse de idioteces. Para resolver el problema correcto, hay que untarse las manos y empezar de una vez por todas. Uno o dos libros de negocios no hacen daño, pero quedarse creyendo que de la noche a la mañana nos caerá del cielo lo que a Google, Facebook o Apple le tomó años de trabajo, es la idiotez más grande que existe.

La inspiración, la creatividad y la innovación, aparecen cuando somos capaces de imponernos límites. Los que hablan de falta de tiempo, dinero, gente o experiencia, rara vez empiezan algo y nunca lo terminan.

Así que antes de pedirle dinero a otro, o entregarle a un desconocido el control de su negocio, intente llegar tan lejos como pueda por cuenta propia. A veces un par de horas de trabajo adicionales por semana son suficientes para el primer empujón. Lo demás, se trata de no perder el impulso.

Se dará cuenta que las cosas van bien, porque llegarán de nuevo los payasos. Esta vez, será fácil identificarlos porque vienen con halagos, ideas y propuestas de negocio, pero siempre sin dinero. Querrán reunirse con usted, discutir su proyecto y eventualmente ser su “socio comercial”.

Por amor propio, ignórelos.  Solo juegan lotería.
 

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